Una bomba con cianuro

Una bomba de cianuro

sábado, 30 de enero de 2010

Cristo melodía inconclusa.

Eres incalculable como la materia imperfecta misma que abunda en tu cuerpo en este instante. Eres la vida misma del dadaísmo encerrada en el arte tradicional de un pueblo primitivo a través de los años. Eres el lenguaje menos efímero y más trascendental que consto de su existencia y de su alma. Eres el alma en una melodramática pena barata que me conmueve y me extasía como un chillante dolor que persiste entre mis dedos, cual cáncer o tifus extinta en cualquier rincón menos en el tuyo y en el mío. Eres ese rincón de tu cuerpo que pasa nadando en humo y fumando libido y lujuria, solo en ese rincón. Eres ese niño que llora al escuchar la separación y al ver la sombra pederasta. Eres ese no poeta contrariado y desmejorado. Inverso a tus pensamientos inimaginables tu juicio se enferma, ágil y apresurado germen que se aferra con cordura a comerse tu seso prudente dejándote pobre y desnudo entre sabanas blancas de tu cultivado culto frente a un ingente tragaluz que da directo a tu demencia, pasando por tu desequilibrada vista cual esquizofrénico intentando olvidar algo. Eres ese poeta rubio en una España renacentista con dedos largos y huesudos pródigos de piano y listos para palpar entre aludidos monarcas y sugeridos burgueses. Eres ese genio judío encarcelado y arrastrado que se ahoga en sus palabras violadas. Eres esa puta cortesana que se suicida arriesgándose en su martirio reviviendo recuerdos para poder matar vidas. Eres Cavaletta.

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