Una bomba con cianuro

Una bomba de cianuro

sábado, 30 de enero de 2010

Pequeño fragmento retratando mi cordura. Que orgullo.

“ Mi dilecto Gustavo, a veces pienso en la locura, en ir al vestíbulo y arrojar todo por la ventana, quemarlo, odiarlo todo.. pero luego pienso en las consecuencias. Entonces me doy cuenta de que aun queda en mi aunque sea un poco de cordura…”

Gustavo

Ella sintió una presión en el pecho, y esas nauseas en las manos y en las costillas y en todo el cuerpo, seguido de más palabras que, harta, sólo echaba al aire. Ahora hasta su forma de creer cuestionaba. Pero al final todo se acomodaba de nuevo, como en un drama barato con un efímero y ufano final. Luego de tan conveniente charla María Magdalena se atosigó de ver a su tiempo escurrir de un modo tan estéril y se dispuso a acudir a su salvamento, su definitivo erudito Gustavo Rafael Zuloaga. Tiempo atrás ella lo había conocido accidentalmente y accidentalmente se quedaron los dos. Ese día, a los 18 años, ella encontró por fin el gusto.

Asesinos en el cielo

No asesinos en el cielo,

Que puedan robar el orden del universo,

Con sus viajes astrales y sus alieraciones ,

Presumiendo de que el lado izquierdo del cielo

Esta oculto en sus pantalones.

Con sus naves espaciales y sus tropas abordo.

Manipulando con su frágil y brillante pez sordo.

Y eludiéndose con la larga distancia a su sofá.

No más asesinos en el cielo

Que se atrevan a cerrar la puerta

Bailando toda la noche por debajo de tus ojos

Por una espina dorsal ajena.

Magnifico criminal que se con orgullo se atreve

A estafar con un ritual a las puertas del delirio

A hurtar con maravillosas historias paralelas

A usurpar en el tiempo con palabras y recuerdos de percebe.

Es el asesino que va llenando las calles

Con matices histriónicos y de arsenales

Va creando desordenes erráticos

Va buscando su circo dramático

Como un fugitivo de acero

Que se desvanece con el fuego

Como príncipe tragicómico

Como un corrupto escritor gnómico.

El hombre que compone un zorcico

Que perece por el hocico

Atravez del cielo vuela con sus llantos y sus actos de escena

Va masticando cada palabra y gira para revelarse a dios

Y dice:”fish fish fish!”

Llega hablado con las llaves en la mano

Y la suerte hasta el final.

Va gritando y en silencio corre y vuela y ríe

Y lo deja ir. Al final.

Aritmico

Tú, la más fausta de mis casualidades

la más bella hora de mis dias incalculables

la mas perfecta figura y la mas recta,

la mas geometrica, la mas correcta.

La palabra que mas me cuadra

en estos versos imprudentes,

la linea que me emociona

en este cuadro decadente.

La idea mas demente

y la menos incoherente

en esta mi percepcion

este cosmos sin razon.

El unico, el señero

el mero caballero

que salva a la doncella

fria y firme leguleya.

Eres ese diafano elemento bivalente que camina como vago entre mi hermisferio norte y sur del cerebro. Turbio y lento, con sigilo rebuscado giras a buscar un nervio que morder, que pelliscar para que grite, y revientas mi nervio patetico. Me ciego y tus pasos entre lineas me rodearon de stockolmo como un anillo de papel. Ese llanto seco con el que asisto a duras penas a esos cursos de antropología cae al monocromatico suelo como de dibujos animados, dejando en mi mas que el sonido de bruscos ronquidos en mis oidos. Luego muerdes algu nervio cardiaco de entre tantos con esa agudeza que te llama, siento entonces ansiedad de cayar esos crujidos decrecientes deferentes delincuentes dementes demulcentes. Que se callen. un segundo despues , y ahi calumneante en mi organo cardiaco inmovil haces uno de esos de tus pragmaticos trucos de magia con un usual sobrero negro hormiga y sacas de alli todo. me sacas junto con kilos de tú y de tus erizados cabellos negro azabache, junto con tu nariz chueca y tu sonrisa torcida y esos ojos con un brillo como de un sol vacío a medio dia, a plenas doce del día, a plena hora de comer. y se me olvida ese nervio patetico pues con tu alargada voz tan formada y tan esmerada todo me pasa desapercivido. entre rizos de asfalto quemados con el sol todo es secundario, hasta mi ceguera y tus maravillosos trucos de magia.

Cristo melodía inconclusa.

Eres incalculable como la materia imperfecta misma que abunda en tu cuerpo en este instante. Eres la vida misma del dadaísmo encerrada en el arte tradicional de un pueblo primitivo a través de los años. Eres el lenguaje menos efímero y más trascendental que consto de su existencia y de su alma. Eres el alma en una melodramática pena barata que me conmueve y me extasía como un chillante dolor que persiste entre mis dedos, cual cáncer o tifus extinta en cualquier rincón menos en el tuyo y en el mío. Eres ese rincón de tu cuerpo que pasa nadando en humo y fumando libido y lujuria, solo en ese rincón. Eres ese niño que llora al escuchar la separación y al ver la sombra pederasta. Eres ese no poeta contrariado y desmejorado. Inverso a tus pensamientos inimaginables tu juicio se enferma, ágil y apresurado germen que se aferra con cordura a comerse tu seso prudente dejándote pobre y desnudo entre sabanas blancas de tu cultivado culto frente a un ingente tragaluz que da directo a tu demencia, pasando por tu desequilibrada vista cual esquizofrénico intentando olvidar algo. Eres ese poeta rubio en una España renacentista con dedos largos y huesudos pródigos de piano y listos para palpar entre aludidos monarcas y sugeridos burgueses. Eres ese genio judío encarcelado y arrastrado que se ahoga en sus palabras violadas. Eres esa puta cortesana que se suicida arriesgándose en su martirio reviviendo recuerdos para poder matar vidas. Eres Cavaletta.