Podría cerrar éste blog y despedirme por fin de tantas cosas que, de no ser porque están plasmadas aquí no recordaría. Podría cerrarme hoy y abrir mañana como un mundo nuevo, limpio y vacío de Adan y Eva, vacío de Dios de una vez por todas pero lleno de él en mi membrana. Vacía la matriz.
Podría seguir y romper con la decisión que iba implícita todos los días. Traicionarla como si fuera una persona más que me pide la hora en la parada de autobús, y yo fuera a asaltarla, a matarla o que se yo violarla. Como si disecara a la mascota con la que cargué por años, por uno y un mes, desde que era niña y mis padres me compraron aquel conejo de ojos tiernos y dos orejas flacas y largas, disecarlo con mi bisturí, matarlo matarlo todo. Entonces ya la traicione y lo traicione, y me traicione porque ya seguí, ¡perdón perdón! Fue sin querer, enserio. Cerrar esto sería ese paso número uno que se necesita para abandonar la cordura. Y te diré que nunca me gusto mucho la cordura, pero tu si. De un modo u otro ya amaneceré recién comprada, estas ideas absurdas y pendejas que me abordaron alguna vez, sin avisar y sin preguntar, por fin podré mascarlas y tal vez escupirlas, pero ponerle fin. Pero es que es tan difícil. Uno sabe que vaciar el mundo de Adan y Eva no es tarea de unos días. Quiero regresarte mi costilla para que te vayas, tómala ¡Tómala ya! Y déjame en paz, en éste mundo vacío que quedo.
Los recuerdos nos van a atormentar toda la vida, lo que éramos y el pasado, y lo que hicimos, y lo que no hicimos y lo que nos hicieron y lo que pagamos. No nos libraremos nunca, por eso no lo cerrare, porque lo que hice me hace ser hoy. Esto soy yo y aunque te deshiciste de mi y yo de ti, yo no puedo deshacerme de mi, nunca voy a poder, enséñame. Y si un día tú te deshaces de ti, regálamelo.
Porque tu no eres Adan, y tampoco eres Eva, tu eres Adan y Eva y pecarme es lo único que haces.

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